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Marcelo Huidobro

"Cada ladrillo se destina al crecimiento del país"

 Marcelo Huidobro es Director General de la Unidad Integral de Educación Técnico Profesional "Dr. Melillo".

¿Cuándo se crea el centro educativo?

Este servicio educativo, que está vinculado con la actividad nuclear y depende de la provincia de Buenos Aires, surge en 1994. En ocasión del 20º  aniversario de las operaciones en Atucha I se toma la decisión de crear un centro de capacitación, que a la vez sirva como lugar de encuentro de  actividades culturales, deportivas, sociales para la comunidad de Lima. Para eso recurrimos a empresas, que fueron las que armaron parte de este  edificio. Una vez que teníamos el lugar físico, la Dirección General de Cultura y Educación creó aquí un Centro de Formación Profesional, cuya acción pedagógica es formar recursos humanos en destrezas laborales y oficios que les permitan una inserción laboral.

 Comenzamos dando cursos sobre salud y primeros auxilios, de soldadura, electricidad y mecánica. Quisimos crear una escuela técnica, algo inexistente en Lima, pero en aquel entonces no tenía sentido porque el modelo económico de esos años carecía de un sistema de producción que permitiese a los  técnicos desarrollarse luego laboralmente. Tras la catástrofe económica, con el modelo de Kirchner el país empezó a crecer. Post devaluación, surge la  necesidad de sustituir las importaciones, se reactivan las fábricas y lentamente empieza a trabajar el país. Ante esta situación, es necesario  incrementar la energía; Entonces avanza el proyecto de Atucha II.Marcelo Huidobro

¿De qué manera encararon este desafío?

Cuando hubo que reactivar Atucha II, faltaban soldadores, cañistas, instrumentistas, aislacionistas, carpinteros de hormigón. Nuestra función fue  formar esta clase de gente. Hubo que rescatar a los viejos maestros y pedirles que transmitan sus aprendizajes. Los nuevos aprendices se fueron  insertando en la obra.

Lima era un pueblito de 7.000 habitantes. Con la obra, que llegó a tener 5.000 trabajadores, su población se duplicó de un día para otro. Muchos chicos no tenían donde estudiar, la ciudad necesitaba una escuela técnica. Fuimos a golpear puertas de empresas amigas, entre ellas la Fundación Electroingeniería que, con un compromiso social significativo y gran capacidad de gestión, enseguida se dispuso a ayudarnos. Así se construyeron 4  aulas, una secretaría. Por su parte, NASA aportó la mano de obra. Con la aparición de la escuela técnica, y al ofrecer en un mismo lugar físico todas estas formaciones técnico-profesionales, se crea la primera Unidad Integral de Educación Técnico Profesional de la provincia de Buenos Aires. Con el tiempo, fuimos demostrándoles a todos que estaban sembrando en terreno fértil, que cada ladrillo o bolsa de cemento se destinaba al crecimiento del  país.

Hay que resaltar que todo esto fue posible gracias a la decisión política del gobierno, a la participación de varios ministerios, sectores gremiales,  empresas privadas, etc. Es un trabajo mancomunado en el que cada cual aporta su granito de arena.

 

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